Rusia Mantiene Relaciones Diplomáticas Con Israel

El gobierno de Vladímir Putin mantiene relaciones diplomáticas formales con Israel, pero la relación actual se encuentra en su punto más tenso y frío de las últimas dos décadas.

Históricamente, Putin construyó una relación muy pragmática, cercana y de canales directos con el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu. Sin embargo, tras la invasión rusa a Ucrania en 2022 y, sobre todo, a raíz de la escalada del conflicto en Oriente Medio tras el 7 de octubre de 2023, este vínculo ha sufrido un deterioro estratégico profundo.

El complejo panorama actual de estas relaciones diplomáticas se define por los siguientes factores:

1. El giro geopolítico de Rusia hacia Irán

El factor que más ha erosionado la confianza entre Moscú y Jerusalén es la alianza militar y estratégica entre Rusia e Irán.

El frente en Ucrania: 
Debido a las sanciones occidentales y la necesidad de armamento para la guerra en Ucrania, Putin estrechó lazos con Teherán, convirtiéndose en el principal comprador de los drones kamikaze iraníes Shahed y buscando misiles balísticos.

El dilema de Israel: 
Para Israel, Irán es una amenaza existencial y el principal patrocinador de Hamás y Hezbolá. Que Rusia fortalezca militar y económicamente al régimen de Teherán es visto por Israel como un golpe directo a su seguridad nacional.

2. La postura rusa ante Hamás y el conflicto actual

A diferencia de los países occidentales, el gobierno de Putin no ha clasificado a Hamás como una organización terrorista y ha adoptado una postura diplomática muy crítica hacia las operaciones militares de Israel en Gaza y el Líbano.

Canales con Hamás: 
Moscú ha recibido en visitas oficiales a delegaciones de la cúpula política de Hamás. Aunque el Kremlin argumenta que usa estos canales diplomáticos para negociar la liberación de rehenes (especialmente los que tienen doble nacionalidad rusa e israelí), estos encuentros generaron profundas protestas diplomáticas por parte de la cancillería israelí.

Retórica en la ONU: 
En el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, la diplomacia rusa ha mantenido una línea dura contra Israel, votando resoluciones de condena y alineándose estrechamente con la narrativa del bloque árabe e iraní.

3. El delicado equilibrio militar en Siria (El "Teléfono Rojo")

A pesar de la retórica política hostil, hay una razón de peso por la cual ninguno de los dos países ha roto relaciones diplomáticas: la necesidad de evitar un choque militar directo en Siria.

El régimen de la familia al-Ásad, que gobernó Siria con puño de hierro por más de medio siglo, cayó tras la fulminante ofensiva de los grupos rebeldes que culminó con la salida de Bashar al-Ásad del poder. Ese mapa cambió por completo.

Si reconfiguramos ese punto específico bajo la realidad actual de Siria, el panorama del "equilibrio militar" que mencionaba se vuelve aún más complejo para Israel y Rusia:

El dilema de las bases rusas: Tras la caída de al-Ásad, la gran incertidumbre diplomática y militar ha sido qué pasará con las bases estratégicas que Rusia mantiene en territorio sirio (como la base naval de Tartús y la base aérea de Jmeimim). Rusia ha tenido que entrar en un terreno de altísima diplomacia e incertidumbre con las nuevas autoridades sirias para intentar preservar esa salida al Mediterráneo.

La nueva postura de Israel en la frontera: Para Israel, la caída del régimen sirio eliminó el histórico "eje chiíta" (Teherán-Damasco-Beirut) que facilitaba el libre tránsito de armas de Irán hacia Hezbolá. Sin embargo, la sustitución del régimen por una amalgama de facciones rebeldes (muchas de ellas de corte islamista sunita) obliga a la inteligencia y al ejército israelí a rediseñar por completo su estrategia de seguridad en los Altos del Golán, vigilando de cerca un terreno sumamente inestable.

A pesar del drástico cambio de escenario tras la caída de Bashar al-Ásad, el canal de comunicación estratégico —el "Teléfono Rojo"— entre Israel y Rusia todavía se mantiene activo, pero bajo condiciones sumamente reducidas, frágiles y de estricta necesidad mutua.

Tras el colapso del régimen anterior y la llegada del nuevo gobierno sirio liderado por Ahmed al-Sharaa (anteriormente conocido como Abu Mohammad al-Jolani), el papel de Rusia en Siria se ha visto drásticamente recortado, lo que ha obligado a reconfigurar este mecanismo de desconflicto militar.

La realidad de este canal de comunicación se sostiene hoy sobre los siguientes pilares:

1. El repliegue ruso a sus bases permanentes

La presencia militar rusa en Siria ya no se extiende por todo el país como en los años anteriores. Moscú ha tenido que replegar sus fuerzas, desmantelar decenas de puestos secundarios y concentrar casi la totalidad de sus capacidades militares supervivientes en solo dos enclaves estratégicos en la costa mediterránea siria:

La base aérea de Hmeimim (en Latakia).

La base naval de Tartús.

Como estas dos bases siguen operando con cazas rusos y sistemas de defensa antiaérea avanzados (y continúan siendo la puerta de entrada de Rusia hacia Oriente Medio y África), el "Teléfono Rojo" entre el puesto de mando de la Fuerza Aérea israelí y el comando ruso en Hmeimim sigue siendo vital para evitar un error de cálculo o un derribo accidental.

2. La consulta bilateral por el sur de Siria

Un ejemplo muy claro de que este canal sigue funcionando se ha dado con la situación en el sur de Siria y la frontera con los Altos del Golán.

El nuevo gobierno sirio ha intentado negociar con Moscú el despliegue de fuerzas rusas en el sur del país para estabilizar la zona tras intensos choques internos (como los ocurridos en la provincia de Suwayda). 
Sin embargo, los informes de inteligencia militar confirman que Rusia congeló estos movimientos tras mantener consultas directas con Israel, acatando las firmes objeciones de Jerusalén para evitar tensiones en su frontera. Esto demuestra que, aun en el nuevo escenario político, Moscú y Jerusalén siguen levantando el teléfono para marcar "líneas rojas”.

3. Mayor libertad de acción para Israel

Durante la era de al-Ásad, el mecanismo obligaba a Israel a ser muy cuidadoso para no golpear activos rusos mientras bombardeaba los cargamentos de armas de Irán o Hezbolá.

Hoy, con la influencia de Irán en Siria drásticamente debilitada y el ejército ruso concentrado únicamente en defender sus bases costeras, Israel opera con una libertad de acción casi total en el espacio aéreo sirio. El diálogo directo con Rusia ya no es una negociación constante de equilibrios políticos, sino una herramienta técnica para que los aviones israelíes avisen dónde van a operar y los radares rusos se mantengan al margen.
En resumen:

El "Teléfono Rojo" ya no es el canal de alta sintonía política que gestionaban Putin y Netanyahu en el pasado. Hoy es una línea de emergencia estrictamente pragmática y militar. 
Rusia la mantiene para proteger lo que le queda en la costa siria y no verse arrastrada a un conflicto con Israel; e Israel la conserva porque, en un norte de Siria tan inestable, lo último que necesita es un incidente armado accidental con una potencia nuclear. 

La gran comunidad judía rusa y los "Refuseniks" modernos

El plano diplomático también está condicionado por un factor humano clave: cerca de un millón de ciudadanos israelíes son de origen soviético o ruso, y aún queda una enorme comunidad judía viviendo en la Federación Rusa.

Bajo el contexto de la guerra en Ucrania y las tensiones internacionales, el gobierno de Putin ha aumentado el control sobre las instituciones judías dentro de Rusia. 

El caso más tenso ocurrió cuando la justicia rusa amenazó con clausurar la sede local de la Agencia Judía para Israel (la organización encargada de gestionar la migración hacia Israel). 

Para el gobierno israelí, mantener la embajada abierta en Moscú es vital para proteger a esa población y asegurar que quienes deseen emigrar a Israel puedan seguir haciéndolo sin interferencias del Kremlin.

Conclusión:

Las relaciones diplomáticas existen y los canales están abiertos por estricto pragmatismo militar y consular, pero la "luna de miel" que alguna vez existió entre Putin y los liderazgos israelíes ha quedado congelada por el nuevo mapa de alianzas de la Guerra Fría moderna, donde Rusia juega hoy en el tablero de los archienemigos de Israel.



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