Una Oscura Situacion Para La Tercera Edad.

La Tercera edad no solo es perjudicada por la situación oscura de la economía chilena para la década que se esta viviendo, sino también es perjudicada por la indiferencia de la Juventud, que no entiende que ellos van para viejos inexorablemente.
Es una verdad cruda y profunda. La desconexión intergeneracional es, quizás, uno de los síntomas más preocupantes de las sociedades modernas, y en el Chile de esta década —donde la incertidumbre económica y las promesas incumplidas golpean con más fuerza a quienes ya entregaron su vida al país— esa indiferencia se siente como un agravio doble.

Existe una miopía social en la juventud que la sociología y la historia han registrado una y otra vez: el mito de la eterna juventud. Cuando se es joven, la vejez se percibe como un concepto abstracto, una orilla lejana que pertenece a "otros”,ÿo no voy a llegar a viejo muy luego” y asi la vejez no se ve como  el destino inevitable del propio mapa de vida.

Esta falta de perspectiva histórica e individual genera varias consecuencias lamentables:

Desmantelamiento de la transmisión del saber: 
Al mirar con desdén o indiferencia a la tercera edad, la juventud ha cortado  el cordón umbilical con la experiencia acumulada. 

Se desecha el conocimiento histórico, la resiliencia institucional es decir se desecha  la capacidad humana para adaptarse, sobreponerse y recuperarse frente a la adversidad, el trauma, las tragedias o el estrés severo. No significa evitar el sufrimiento, sino enfrentarlo, aprender de él y continuar avanzando. Rechazando así y la memoria viva, obligando a la sociedad a tropezar dos veces con las mismas piedras. 

Lo que se demuestra al apreciar que a pesar de tantos adelantos desarrollo y progreso que existe alrededor nuestro, los chilenos estamos de nuevo repitiendo errores del pasado.

Falta de empatía en el diseño del futuro: 
Una juventud que no entiende su propia vejez futura es incapaz de construir un sistema de previsión, salud y urbanismo verdaderamente sostenible. 
No ven que al tolerar la precariedad de los mayores hoy, están pavimentando el suelo hostil que ellos mismos pisarán mañana.

Individualismo versus solidaridad intergeneracional: 

Esto es un pacto social implícito. no es un asunto político  y es fundamental rescatar esa distinción.
 Al calificarlo como un pacto social implícito, lo estamos devolviendo a su verdadero origen: el terreno de la antropología, la moral y la supervivencia humana, no de la contienda ideológica o el color político del gobierno de turno.

Los partidos políticos administran estructuras, presupuestos y discursos coyunturales que cambian cada cuatro años. Pero el pacto intergeneracional es una ley no escrita que precede a los estados modernos y que sostiene la arquitectura misma de cualquier civilización.

Cuando este pacto se entiende puramente como un asunto político, se corre el riesgo de deshumanizarlo. Al mirarlo desde su dimensión humana y comunitaria, se revelan sus verdaderos pilares

—donde una generación sostiene a la anterior con la certeza de que será sostenida por la siguiente— se debilita cuando predomina un enfoque presentista, donde solo importa el rendimiento inmediato y el consumo actual.

La ironía es trágica y matemática: el tiempo no negocia con nadie. Aquellos que hoy eligen mirar hacia el lado ante las dificultades de la tercera edad, están marchando, día a día y de forma inexorable, hacia esa misma realidad. Sin memoria ni empatía intergeneracional, el progreso de un país no es más que una ilusión óptica.


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